viernes, 25 de enero de 2013

A Cristina.


Hoy no vengo a hablar sobre mí, ni mis pequeños problemas.

Hoy, vengo a escribir una historia de dos, una de alegrías y sollozos.

Mi, ahora, ex pareja, me ha dicho adiós por última vez.

Ella ha sido con diferencia la persona que más he querido, que me ha regalado momentos increíbles y momentos no tan buenos, pero la he querido con locura. Una locura feliz.

Hoy, ella se despide de dos personas, y yo estoy a demasiados kilómetros como para hacer nada. Y me siento como una mierda.

Cuando ella me necesitaba, estaba, pero cada vez menos, hasta el punto de desaparecer una y otra y otra vez. Y ahora es cuando comprendo que he hecho mal. Justo cuando me han pegado una patada en las entrañas.

Con ella, tuve un septiembre, un octubre, un noviembre, un fin de año y un nuevo año increíble, lleno de sonrisas y de alegrías. Y un febrero, y un marzo inusualmente cálidos.

Y un abril, que nunca olvidaré. Uno demasiado corto, pero intenso.

Un tren que vino y se fue.

Un beso de bienvenida y un abrazo de despedida. Y entre ellos quedan los momentos más dulces que he tenido.

Un mayo y un junio un poco desastrosos.  Un julio catastrófico, perdido entre sabanas frías y almohadas mojadas.

Un agosto en el norte, junto a ella, donde sufrimos y disfrutamos demasiado. Donde petate al hombro y muchas horas me llevaron a su lado. A su cama. A ella.

Última noche y una cena improvisada. Último amanecer en el norte. Vuelta a casa.

Un agosto que terminó demasiado mal.
Y un septiembre.

Y los meses pasaron hasta hoy, un febrero cualquiera, donde debería estar yo y no estoy.
Donde pierdo a la persona que más he querido, una vez más. Donde debería estar y no estoy, donde un abrazo que tengo que dar y no puedo, me pesará durante mucho tiempo.

Y siempre me ha costado decirlo, pero te quiero, te he querido y te querré, desde que te conocí hasta que ya no esté. Y querré todo lo que fuimos, todo lo que hicimos, todo lo que vivimos.

Aunque esto sea una coma, un punto y aparte o un punto y final