domingo, 15 de julio de 2012

Viaje en el vacío

Despego.
Planeo.
Vuelo.

Mis pies se separan del suelo, mi cuerpo se libera de cualquier peso y comienza a vibrar en la más absoluta tranquilidad.
Me elevo decenas, cientos, miles de metros.
Atravieso nubes, tormentas. Violo el cielo y no me ahogo.

Cierro los ojos y aumento de velocidad.

La última barrera...

Me paro, me congelo y mi consciencia se hace absoluta.
Allí, esa forma tan sagrada.
Dios.
¿Dios?

No hay nada.
El negro y eterno vacío.
El silencio absoluto.

La completa soledad.

Pequeños haces de luz, motas brillantes y nebulosas cósmicas, mundos enteros inalcanzablemente lejanos es lo único que me ampara.

Cierro los ojos y viajo, recorriendo cada momento, cada mundo, estrella, roca o agujero que existe.
Y me desvanezco, engullido por un enorme reloj, que me apura a volver a mi cama.

Me asusto, tiemblo de cabeza a pies.
Suspiro, me tranquilizo.
Abro los ojos.

Estoy en mi cama.
¿Como me perdí si nunca viajé?

Materia Inerte, espíritu voluble.


Todo. 
Nada. 
En compañia me siento solo, y en la más triste soledad me siento rodeado.

 Vivo en una eterna duermevela, sintiendo la urgente necesidad de correr, romper con todo y huir, de estremecerme y sentir el paso del tiempo. 

En días me busco, en días me encuentro y en días me suicido, cual agonizante mente brava y despechada de un cuerpo infeliz. 

No me muevo, pero no estoy donde estaba.
 Quiero saber si me engaño o me seduzco con pretensiosas fantasías itinerantes del circo de los amargos al cual entro ocasionalmente, me decepciono y abandono la función en su clímax. 
Soy poseido por mis demonios cual jovencita violada por la ferviente necesidad de un hombre loco. 

Me cubro de pretextos y vanas palabras, defendiendo a capa y espada lo único que me diferencia del resto.
 Muero, apuñalado; resucito, agujereado 100 veces, por la simple exhalación de una musa que besó a un gélido cadaver viviente. 
"No seré yo si nunca fui yo mismo, ni seré el si nunca me hice el amor desnudo."