domingo, 14 de julio de 2013

Una copa de tinto por tu cadera.


Y cuando bajo por tu ombligo, vertiendo saliva sobre tu piel, y me rozo, sobrecogiéndome al sentirte.

 Tan caliente, tan cercana. Y no puedo si no querer perderme, dando tumbos sobre ti, explorando que te hace vibrar, que te vuelve tan cachonda, que te pierde y no te hace arrepentirte.

Y seguro estoy, si no es amor,es puro deseo.
 De no estar sola, de querer compartir cada gemido y cada orgasmo.

Pura lujuria, vendida a precio de saldo, o alquilada a un pirata que asalta barcos y labios, haciendo prisioneros besos y recuerdos.

 O vino, tinto.

 Botín del amante y del vencido, que riegan tus curvas cuando se derrama, rojo escarlata, rojo pasión.

 Rojo como tus tetas, que me piden a gritos que las muerda, que las fuerce.

 Que haga de ti un toro, bravo, dando bandazos y no dejándose montar.

Que haga de tu sexo un placer, más allá del correrme contigo, de vestirte de puro placer libidinoso. Y que te retuerzas, con tu cadera, en espasmos, mientras pierdes la cabeza o la llevas a otro sitio, donde suenan en blanco y negro tangos, o bluses, o un vals de desnudos con máscaras, colgados de absenta, condenados a bailar en éxtasis sexual.

Y si eso no nos sacia, y nuestros cuerpos piden más, bésame y deja que todo vuelva a ocurrir.