sábado, 8 de diciembre de 2012

Y se acabó el puto cuento.

Un ligero arpegio de guitarra enciende mi cigarrillo..
.
Es de noche, casi de día; a escasos minutos del amanecer occidental, el amor y el dolor vuelven a machacar mis magulladas (y acostumbradas) costillas.

No es fácil de explicar. No es fácil de sentir. Nunca.

Los versos acelerados de un rock melancólico incitan a beber, fumar, evadirse y olvidar. Pero claro, ¿de que sirve machacarse una y otra vez? Quizá sea mejor simplemente borrarla de esos agridulces recuerdos.

Ella era, es y será especial. ¿Única? Puede. Todos lo somos.

Todo empieza con una charla, agradable, interesante, renovadora. Trazas lazos, haces amistad. Sigues hablando. Te interesas, te importa. Es genial.

Y zas! Se termina; algo pasa, siempre. Te jode el cuento tan bonito que tenias para vivir antes de irte a dormir.

La princesa desaparece y tu te conviertes en sapo.



Te esfuerzas por rescatarla del dragón. Ella prefiere seguir en la torre.



Mi cama vuelve a parecerme demasiado grande...