domingo, 21 de julio de 2013

Sobre andenes y recuerdos.

Es que de trenes y trastos va la cosa.

Y entre trastos estaba el billete. 10 de Julio de 2012/14 de Julio de 2012. Aún me sorprendo y me sorprende la facilidad que tengo para de un trozo cualquiera de papel impreso, poder recordar semejante viaje.

Ni es el momento acertado, ni creo que lo sea nunca. Pero sacar cosas del desván es parte de ir madurando, o eso te suelen decir.

Me jode haber terminado una historia así, pero seguro que no será la última. Mujeres y mujeres se cruzarán conmigo mientras voy andando y encogiéndome, haciéndome un tipo interesante, luego un cuarentón, y quizá, un viejo verde de bar. Y es que es ley de vida. Amar a una sola, amarlas a todas o simplemente amar, sin importar números, fechas o fotos colgadas de una chincheta.

Y no tengo claro si me asusta el saber que no es para siempre, o no saber si lo es. De todas formas, me perderé noches y noches entre los abrazos y los bucles sinceros y agradables que me brindarán algunas de ellas, o me desahogaré entre sus piernas, bebiendo de la boca de otras, o lloraré desconsoladamente en el hombre de muy pocas.

Pero siempre tendré el petate listo, para salir y seguir viajando en un tren que avanza lentamente echando humo, preparado para saltar en la estación destino tu cuello, o esperarme y llegar a un te quiero o quiero estar contigo, donde no te cobran cuartuchos a 17 la noche.

O apearme cuando el revisor se acerque para evitar pagarme el billete y poder besar alguna botella, en el banco del andén, donde de noche y sin compañía el frío cala profundo.

Espero que al maquinista no le de por descarrilar.