Un ligero arpegio de guitarra enciende
mi cigarrillo..
.
Es de noche, casi de día; a escasos
minutos del amanecer occidental, el amor y el dolor vuelven a
machacar mis magulladas (y acostumbradas) costillas.
No es fácil de explicar. No es fácil
de sentir. Nunca.
Los versos acelerados de un rock
melancólico incitan a beber, fumar, evadirse y olvidar. Pero claro,
¿de que sirve machacarse una y otra vez? Quizá sea mejor
simplemente borrarla de esos agridulces recuerdos.
Ella era, es y será especial. ¿Única?
Puede. Todos lo somos.
Todo empieza con una charla, agradable,
interesante, renovadora. Trazas lazos, haces amistad. Sigues
hablando. Te interesas, te importa. Es genial.
Y zas! Se termina; algo pasa, siempre.
Te jode el cuento tan bonito que tenias para vivir antes de irte a
dormir.
La princesa desaparece y tu te
conviertes en sapo.
Te esfuerzas por rescatarla del dragón.
Ella prefiere seguir en la torre.
Mi cama vuelve a parecerme demasiado
grande...
No hay comentarios:
Publicar un comentario