"No sé si es la
necesidad de desahogarme de mis problemas o simplemente la música que
últimamente escucho, pero me duele.
Me duele, el no poder tener
a nadie a mi lado a quien poder considerar importante. Sí, bueno; la familia, los
amigos, alguna chica que se cruza en mi vida y luego desaparece...
Pero no es suficiente. No
para mí.
Me gusta presumir de mis
diversos vicios, de considerarme un golfo oportunista y cabrón, de poder decir
que no creo en el amor, de que no quiero tener pareja y de darme a la bebida
más que un irlandés con problemas de alcoholismo hereditario. Aunque no es así.
No soy así.
Los problemas me afectan
como a la mayoría, solo que se ponerle una sonrisa a las épocas putas, donde
uno se consume en la autocrítica y el tabaco barato. Se me da bien esconder las
verdades a medias; puedo estar muriéndome por dentro que de cara al público en
el show macabro de títeres y marionetas, siempre seré el bufón a prueba de
proyectiles atómicos.
Aunque no sé hasta qué punto
eso es bueno para mí mermada cordura. Hay veces que me da por pensar y
recapacitar, y me doy cuenta de que lo que hago es estafar al cinéfilo que se
come unas palomitas, mientras en cualquier bar hago la pantomima. Y me estafo a
mí mismo, porque me cuesta reconocer que, pese a mi chaqueta de cuero, mi cara
de malo, mis gafas de sol y mi perpetuo cigarro en la boca, soy débil y
vulnerable.
Soy como una montaña de
cubos a la que un día puede venir alguien y hacer que se caiga sobre sí misma.
¡El pobre diablo tiene una
vida muy dura!
Solo porque yo mismo decido
que sea así.
Y lo peor de todo, es que
aunque un día el estómago me reviente por culpa de la cerveza, o una ulcera me
agujeree el alma, seguirán erizándome las caricias gratuitas, los besos
sinceros, las muestras de afecto de ellas...
Egoísmo. Mi puto ego.
Arrastras conmigo vidas y
sentimientos, que no se pueden pagar con las vacías palabras que tan bien se
hacerse aparecer, como el truco magistral de un ilusionista, o el juego de manos
de un trilero al que le faltan varios dientes.
La espiral de destrucción de
una persona empieza cuando deja de quererse a si misma, pero ¿que pasa cuando
nunca te ha hecho falta quererte para sobrevivir?
Es sencillo. Vives vacío.
Eres como un pozo oscuro y sin fondo.
Esperas sin prisa a que
alguien se deje caer dentro, para absorber parte de el mismo y sentirte menos
hueco. La mayoría sale, magullada, arañada en lo más profundo, pero salen.
¿Y los que no? ¿Qué pasa con
ellos?
Sigue siendo sencillo.
Los conviertes en parte de
tu pasado, y ellos a si mismo en una nueva carcasa andante, sin voluntad ni
ambición.
Hay veces que pienso que me
encanta ser diferente. Poco después recuerdo cuál es el precio de alquiler que
estoy pagando, y me voy al siguiente bar."
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