"Estas líneas se las
dedico a la niñita de perpetua sonrisa, imperturbable alegría y vestido blanco,
holgado, que nunca volví a encontrar.
Era pequeña.
Esa piel, esos
labios que me prometieron besos y caricias, esas manos que recorrieron mi
espalda, dejando que la hedionda podredumbre de los fragmentos de mi alma fuese
resbalando y desprendiéndose de mi, como si de arena seca se tratara.
Mi cuerpo vibraba con cada
roce de su tacto, y sus ojos me miraban y me serenaban. Eran como dos mares en
calma, donde uno podía bañarse y limpiarse de la mierda que había acumulado
durante el camino que la llevase hasta sus brazos.
No podía pensar en
perversiones con su cuerpo, no concebía tan abominable crimen.
Era como estar al lado de
una hoguera en una noche de un crudo invierno, calentándose las manos y confiándole
tu vida a sus brasas.
Sin duda era mi amada, mi
Eva. El comienzo de la redención. El perdón del reo.
Y seguro que la perdí. No sé
cuando, no sé dónde. Pero sé que la perdí.
Alguna vez voy andando por
la calle y aún puedo verla en la cara de los demás.
Solo sé que esa niñita a la
que perdí se llamaba Felicidad."
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