viernes, 13 de diciembre de 2013

El café de las siete y tres.



"He perdido la cuenta de todas las veces que termino escuchando música mientras amanece. Y sé que lo hace por que miro el reloj una y otra vez, viendo como cada segundo camina sobre la esfera, y mi cama sigue sin querer arroparme.


Será culpa de mi insomnio y mi síndrome de estocolmo, que se aferran como salvajes amantes el uno al otro, dejándome fuera de su affair, donde solo suenan tristes melodías sobre hombres perdidos en un espejo, incapaces de reconocerse en el. O como llamas de mecheros que apaga la ligera brisa de un invierno cruel e implacable, devorando todo el calor que desprenden los ahogados orgasmos.


Una noche más, un día menos.


Desvaneciéndose.


Sin darme cuartel.


Un piano es el que me acompaña hoy, melancólico, herido de muerte, contando la historia de un amor de llantos y abrazos, de buenos momentos y malos ratos; de dos micro vidas resumidas.


Farfulla mi cafetera, como el monólogo de una vieja conversación, mientras se impregna de olores a pan tostado, mantequilla, mermelada y café toda mi casa."




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