domingo, 16 de diciembre de 2012

Que puta es la noche.


Es la noche la que llama a la promiscuidad. 

Y quien entienda el significado como juntar carne con carne, que se aparte de mi vista.

Sexo, drogas varias, vicio, verborrea barata y palabrería de niños ebriamente mamados y princesitas venidas a putas con resto de moral, contando cuentos y besando pollas.

Y por supuesto, mis favoritos. Alcohol y tabaco.

Sales de un bar y entras en otro. Te tomas una copa, o una cerveza, o un pelotazo o lo que tengas dinero para pagar.

 Vas metiendo la cabeza en un barril de cloroformo, que te ralentiza como persona y te inhabilita como “humanoide”, que es lo que muchos no-bebedores tienden a hacer. 

Arrastras las piernas de aquí para allá, con un cigarro en la boca que a veces llega a consumir parte del filtro. 

Das con tu destartalado cuerpo en cualquier barra; le pierdes el miedo a saludar, a hablar, a meter mano, a insultar, y a partir del cubata de ya no mamaré más, el miedo a que te destrocen la cara contra el frío asfalto de la calle.

Y mientras tanto, decenas, cientos, miles de cuerpos con inanición mental pululan y se pasean, en una danza macabra y grotesca que ha nacido de la puta necesidad de hacer algo diferente.

-¿Por qué te drogas? ¿Por qué bebes tanto?

-¿Por qué no dejáis de joder tanto?

Siempre hay alguien, que se ríe, empatiza, intenta comprenderte, o simplemente te quiere ayudar.
Si necesitase auxilio, yo os lo pediré, montón de despojos vivientes.

Dejadme con mis mierdas, estoy a gusto y calentito con ellas, y son mucho más interesantes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario