Es la noche la que llama a la promiscuidad.
Y quien entienda
el significado como juntar carne con carne, que se aparte de mi vista.
Sexo, drogas varias, vicio, verborrea barata y palabrería de
niños ebriamente mamados y princesitas venidas a putas con resto de moral,
contando cuentos y besando pollas.
Y por supuesto, mis favoritos. Alcohol y tabaco.
Sales de un bar y entras en otro. Te tomas una copa, o una
cerveza, o un pelotazo o lo que tengas dinero para pagar.
Vas metiendo la
cabeza en un barril de cloroformo, que te ralentiza como persona y te
inhabilita como “humanoide”, que es lo que muchos no-bebedores tienden a hacer.
Arrastras las piernas de aquí para allá, con un cigarro en
la boca que a veces llega a consumir parte del filtro.
Das con tu destartalado
cuerpo en cualquier barra; le pierdes el miedo a saludar, a hablar, a meter
mano, a insultar, y a partir del cubata de
ya no mamaré más, el miedo a que te destrocen la cara contra el frío
asfalto de la calle.
Y mientras tanto, decenas, cientos, miles de cuerpos con
inanición mental pululan y se pasean, en una danza macabra y grotesca que ha
nacido de la puta necesidad de hacer algo diferente.
-¿Por qué te drogas? ¿Por qué bebes tanto?
-¿Por qué no dejáis de joder tanto?
Siempre hay alguien, que se ríe, empatiza, intenta
comprenderte, o simplemente te quiere ayudar.
Si necesitase auxilio, yo os lo pediré, montón de despojos
vivientes.
Dejadme con mis mierdas, estoy a gusto y calentito con
ellas, y son mucho más interesantes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario