martes, 15 de enero de 2013

Luna Nueva


Y una vez más me toca sentarme a mirar la luna solo. Putamente solo.

Me vienen a la cabeza imágenes, recuerdos,  palabras, que me erizan el vello más allá de lo común.

Y la gran bola plateada sigue ahí, inamovible, recordándome el lento paso del tiempo, haciendo tic tac en un contrarreloj infinito, mientras las flores nacen y se marchitan continuamente.

La boca me sabe a cenicero, y por las mejillas me corren líneas aguadas saladamente amargas.

Me persigue mi maldición.

 Esa que impide que olvide esas caras, que me atormentan de día y de noche, como una tortura inmerecida, mientras las madrugadas se me hacen eternas y los amaneceres conocidos.

Pisando con los pies el suelo manteniendo la cabeza en ingravidez fluctuante, evadiendo cosmos amatorios para no tener una nueva cara que se me aparezca en sueños.

Ese vacío que te queda después de despertar y recordar quien eres, me flagela sin piedad, una y otra vez, hasta que un día me derrumben y deje todo manchado.

Y no sé si será de recuerdos o de sangre.

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